Sales de tu sueño
y confrontas la mirada del espejo,
la mañana es silencio,
en tu cuarto sin luz,
de mis manos tan inútiles,
pétalos marchitos caen
a perpetuidad bajo una lluvia roja.
La vida está por suceder,
donde el oceáno ruge sin compasión,
allá, profundo en sus aguas negras,
bajo este cielo de pálida mueca,
las nubes lloran sobre mis manos.
Qué vamos a comer,
piedras frías si jamás despiertas,
qué vamos a sobrellevar,
sino la desgracia atada a una pileta,
mi cara en pintura fresca,
y platos llenos con fruta carcomida.
Chorrea el pincel en todo el suelo,
jugo que brota de las entrañas,
es un sueño de moscas hinchadas,
para cada una,
el cielo azul supura eternidad,
es placer y gozo,
carne sin sombra entre las sábanas.
Ahora, los días duran poco
y cualquier movimiento es mentira,
si acaso vives por inercia,
esperando que alguien
muera frente al óleo,
en medio de una selva,
con el abdomen abultado,
en un cuarto frío,
a punto de dormir.
De un rostro doliente a otro,
incluso la noche es salvaguarda,
de sueños, secretos y verdades falsas,
reteniendo los escombros,
sin brazos o cuerpo delante.
Ilustración: "Los límites del control" por Nicola Samori
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