jueves, 12 de diciembre de 2024

TU CARNE, LA NAVAJA

 

Parpadeas así de veloz
para desmentir la eternidad,
ven, aquí frente a mi,
tienes mi atención,
apunta tu mirada a la mía,
detén su filo en mi garganta.

Qué fue de este reto,
cuando de noche aúllan las bestias,
midiendo la verdad,
en un duelo de sangre,
azota tu cuerpo contra el cielo,
desnudo, vulnerable,
perdida en el nacimiento
de mil estrellas al explotar.

Es un pretexto,
un acto de violencia,
ojos cuya cobija escurre 
cuando duermes,
el silencio es cálido, 
la inmortalidad es posible,
eres misterio, mujer,
cercenando mi voluntad,
y será tu cuello,
el terciopelo que rasgaré 
con mis labios.

No puedes ignorar la verdad,
este pecado es el ángel que nos posee,
la curiosidad que muerde tus manos,
si me acerco, tu aliento me abraza,
y será el camino de tu vientre,
espina dorsal de mi rijosidad acallada.

Prisionero de un imposible,
la navaja espera,
sangre, eso dices al instante,
cuando golpeas mi cabeza contra
la pared, cuando de tu almohada,
tu mirada no huye de la mía,
porque tus deseos son los míos,
encontrándonos a mitad de la noche, 
a media luz perdidos,
en un callejón sin salida.



Ilustración: "Las sirenas" por John Longstaff

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