Perdido en la selva
de un día claroscuro,
viviendo en la alucinación,
de una vida entre el bien y el mal,
miníma ejecucción antes de padecer,
manos inútiles que pierden su nombre.
Limpiando huesos con la lengua,
afuera, donde los atardeceres
jamás terminan,
en su franja de latidos,
allá, donde las púpilas sólo
ven fantasmas,
este siempre fue un sueño.
Cuál es el sentido de la ceguera
frente al agua cristalina,
quizá, un reflejo u otro,
de tu cuerpo o cara,
un sentimiento contrario,
despertando antes y nunca.
De mi a nadie,
un oleaje secunda la tormenta,
de colores desmedidos,
y mil cáscaras aún por nacer.
los momentos imperceptibles
bajo el mismo cielo gris,
cuando el pasado guardó silencio.
Naturaleza muerta,
de miedo y obsesión,
estos dedos no responden
a sus manos sin ninguna gracia,
mezclando pintura tan espesa
como la primera sangre del día.
Y escapar planeamos,
donde el mar siempre abre,
lejos, hacia un cielo que nunca
podremos tocar,
lejos, donde nadie reconozca
la nada en nuestros ojos,
lejos, quedando atrapado
para siempre en tu púpila.
Ilustración: Nicola Samori
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