De mi cuerpo,
sacrilegio,
la medicina intacta,
saliva, como en un ritual de nieve,
avanzando hasta la pira,
y estas últimas palabras,
en el fuego vertidas.
Conserva de tu fe,
la precariedad en las respuestas,
a salvo de la perpetua oscuridad,
aprovecha el eco,
en tus pensamientos puros,
ninguno o ceniza,
ardiendo a la distancia.
Cuál fue tu inicio,
y cuál mi final,
un baile sobre vidrio,
a tu piel descalza,
un beso largo,
atenúa esta luz bajo el espejo,
un cuarto salvaje,
y tu mirada azul,
brincando por la ventana.
No hay secretos que mis
labios contengan,
tus deseos son para mi,
las caricias de fuego,
y este instinto golpea
fuerte mi corazón,
de mi cuerpo al tuyo,
en un arrebato
casi sangriento.
Persigámonos en un sueño,
de una vida a otra,
de una muerte a la que sigue,
el sol nacerá de nuevo,
surcando lejos,
mis manos en tu cuerpo,
el momento.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario