Qué días,
aquellos fuera de la ventana,
vivos en la memoria,
esperando volver pronto a casa,
pero de la juventud,
acaso permanecen buenos deseos,
o un intento somero por vivir.
Cuántos golpes,
cuántas caminatas,
cuántas botellas
y jalones al cigarro,
lecturas en la trasnoche,
y erecciones apenas cumplidas.
Risas por doquier,
también muchas lágrimas,
bajando por el cuello o las mejillas,
la música nunca paró su andar,
a veces sólo quise colgarme de cabeza,
pero tan divertido fue enamorarse,
y también perder el corazón.
Cuántos labios,
musas fugandose durante la noche,
las caricias y los deseos,
tantos nombres como
estelas ardiendo entre las nubes,
eyacular al aire,
donde el silencio
era sagrado.
Entre 19 y los primeros veinte,
la poesía parecía fluir
en un brote de ansiedad y alegría,
agua clara golpeando mis manos,
llorándose a caulaes sin nombre,
y si acaso,
fueron cartas de amor
que ninguna ninfa recibió.
Aunque hubo noches,
bajo un pequeño halo,
bailamos con flores aperladas
en las manos,
eramos tú y yo,
espero acaso recuerdes,
nuestras piernas cruzandose
en un parpadeo,
de las once a las 6 de la mañana,
estuvimos listos para las clases.
Amistades,
amantes,
compañeros,
aliados,
dificil vencer la nostalgia,
entre calles de sol abierto,
y vividos momentos
que aun sacuden la piel,
queda despedirse,
de la juventud y sus tesoros,
el camino es ahora
de otros.

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