No fue un sueño,
el aire era frío y el auto aterrizó veloz,
un golpe seco seguido de mucho fuego,
una o dos personas como
muñecos de goma y cabeza de plástico,
se desintegraron,
eso supiero mis púpilas.
No pongas resistencia,
es sólo un trago más,
cuán necio te supones,
solventando de dos a cinco muertes,
sombras que partieron hacia un callejón,
dos sin rostro y una pistola les seguía,
qué hubo detrás,
más cuerpos sin nombre.
Escribo lo que veo,
lo que sé,
perdido en humo y apuestas,
donde la mano más alta
no gana, donde las fichas
están marcadas,
con navajas partidas,
y afuera esperan en fila,
leonas voluptuosas,
un baile de máscaras que
esperan cobrar el respeto
que les prometieron al nacer.
Quién da lástima,
quién la recoge,
un pinchazo,
una calada,
la eterna línea de nieve
caída el cielo,
un sorbo a la baba de la luna,
el esperma de las estrellas,
y cuántos quedan por levantar,
una niña de diez años
y su hermano de cinco.
Extraño las nubes al amanecer,
elaborar el informe de la calle
lleva horas que se mueren lento,
aguanto con café y cigarros,
el instinto salvaje de saberme insano,
un asco, un turista de la tiniebla,
esta ciudad se alimenta con metano,
y prefiese dañar a los mutantes
antes que salvarlos.
6 a.m.
las conciencias cambian,
menos bastardos,
más inocentes,
tras dejar el teclado con sus
letras, códigos, estructuras,
hojas en blanco,
una o dos explosiones
suceden en mi mano,
nuevo café cuando el sol
también despierta,
mudo, indiferente.
Aterrizo sobre la cama,
otro cadáver frentre a la pantalla,
bajo la almohada la pistola dicta
el entretenimiento,
una bala afortunada,
espera que me mate
antes de reanudar la cacería.
Ilustración: "Sin título" por Xiu Jiye