Afuera es un mundo de luces,
de autos indiferentes,
y qué hay de la pausa,
en todo este ruido de choques
y gente ciega avanzando,
qué hay de las buenas intenciones,
frías en el pavimento,
ahogándose en un charco
de ojos, dedos y lenguas.
Mi cabeza está en todas partes,
atrapando palabras,
que prosperan como espinas
y vuelven esta realidad
en torturada estima.
Por qué me cuesta mirar
una dirección,
por qué de estas mil
voces gritando a tiempo,
su dolor se clava hondo,
hondo en mi pecho.
Cómo puedo decir lo que quiero,
el consuelo y la alegría,
si tras el fuego y los cristales,
se auténtica el silencio,
mi atención está dispersa
en pantallas que nunca
se apagan,
y quién es real,
quién vive a pesar
de haberse muerto
en mis ojos.
Y nunca presté atención.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario