Funciona la vida
como un juego,
apostando cuerpo y alma
conforme avanzas,
es la vanidad tu alimento,
un pequeño suspiro
de libertad.
Cuán breve funciona,
recordar cada una de
tus venganzas,
el instinto paranormal
de la belleza,
la juventud y risas
que se fueron,
las noches dedicadas
a soñar, a velar
por nadie en realidad.
Sostén tus pasos,
con fineza y en voz
de cualquier reloj,
gasta tus últimas monedas
y cartas, quema el camino
que dejaste atrás,
nada puede ser más evocativo,
que mirar de frente
a la luna,
y saberse perdido.
Ganes o pierdas,
sólo hay un resultado,
una vida que no es tal,
atrapada en una pantalla gris,
con las manos vueltas en piedra,
una mente cansada,
y mil esperanzas
quedando vacías.
Ilustración: "Al anochecer" por Erica Peebus

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