martes, 28 de abril de 2026

PARAÍSO PERDIDO

 

I. Promesas

Posa en mis labios 
el peso de tus yemas,
dibújalos a placer,
duras y frías, 
como el peso de tu corazón, 
engáñame mil veces seguidas,
pero no apartes la merced
de tus palabras
y dímelas, 
una
tras 
otra.

Toma de mi lo que quieras,
en tu mirada
padezco del veneno
en tus promesas.


II. Racimo

Arde en lágrimas,
sueltas de la cruz,
como si de tu vida,
única máscara sucediera,
dime, cuál es el costo,
cuál la consecuencia,
eternidad 
complacencia.

Cuán frágil es la carne,
racimo de vida,
pudriéndose a tu salud
y victoria,
perdimos, acéptalo,
cualquier misericordia,
aquí no encaja.


III. Segundos

Alcanza poco la felicidad 
cuando es prístina,
me diste visiones,
mil sonrisas
bajo un sol de ocaso,
rosadas flores,
carcajadas inocentes
y decepción.

Sustituyes alegría con sufrimiento,
caeré siempre de tu boca,
confieso un delirio,
en su sabor 
estoy ardiendo,
muy cerca
quizá lejos. 


IV. Tormenta

Son los recuerdos
y tu calor cada noche,
mendigando alguna piedad,
atorado en tus párpados,
quizá mi voz,
quizá mi reflejo,
desaparece,
cuando lloramos
la borrasca.

Nos queda de frente
la bruma,
el precipicio y 
la noche dilatada,
tan fría, punzante.


(PARA MI) TODO SE MUEVE

 

Es un sueño,
repitiéndose una
y otra vez,
una luz pequeña,
que viene de mis manos,
un pavor que resiste,
casi sagrado.

Son tantas veces,
las que este suelo se mueve,
ciego y sordo,
golpeándome sin clemencia,
haciéndome pedazos
con sólo respirar.

Quiero saber,
qué es polvo
y qué es verdad,
en la carne rota
de mi cara,
parpadeando en la
franja de la oscuridad,
así los días,
paralizado bajo tierra.

Qué digo,
a quién trato de engañar,
apenas y conozco de sombras,
si acaso se arrastran por las paredes,
murmurando a ratos,
si la vida me traiciona,
cuántos ríos
me quedan aún por gritar.

Por qué
por qué
la tierra escupiría
tanto ruido,
recurriéndose 
cerca del fuego,
pero no me quemo,
me desbarato,
en medio de un mundo
que colapsa solo.



Ilustración: "San Francisco meditando" por Francisco de Zurbarán

TERRITORIOS

 

El horror pausado en el iris,
roto el ojo es cadáver ausente,
mercurio rotando al sol,
mi sombra,
el ruido y las voces,
escalonando una herida tras otra,
apunta directo,
láser, daga, meteoro,
mientras respiras a oscuras,
somos luna,
mi neuro-perfecta, 
fobia de aparato,
completando el control,
mente arcana,
abierta y a parásito reducida,
pausado, tiempo,
transformado en ardor,
qué deseas,
quién eres,
morir a partir de hoy,
mi cuerpo invertido,
núcleo, deforme,
gestado sin voz,
carne de asfalto,
fobia, intenciones,
arteras, 
eludiendo caer,
eléctricas,
veneno,
fuego o pureza,
esta nueva carne sofisticada,
fobia, devora,
fobia, testículos,
fobia, ovarios,
germen, 
torturado,
sintetizando lo
corrupto,
se pudre,
infestando mi planeta,
muerto,
pausado en la memoria,
la mía y es nadie,
el virus,
tú lo conoces,
su nombre,
de ser en ser,
di su nombre,
el virus,
demonio,
atorado,
desangrado,
la sombra.

vienes.

conquistas.

destruyes.



Ilustración: "La destrucción de Pompeya y Herculano" por John Martin

PÁLIDOS DE CROMO

 

Confío en lo que veo,
mil luces en este momento,
en el cielo, en todo mi cuerpo,
sin cuencas que guarden la mirada,
ojos de sangre gritando
en mis manos.

Dices civilizado,
lento y sin pies,
conversamos por horas,
apostando el dinero 
que no tenemos,
además de hablar,
nos movemos por
la calle fría
y mandamos 
la decencia al carajo.

A golpes nos matarán,
dos o tres en la cabeza,
uno fuerte nos rompe los dientes,
un destello caliente,
un puño, una patada,
y luego, esta cara hinchada, 
salvaje.

Volvemos al amanecer,
sin hogar o destino,
salvo los pantalones rotos,
sin huesos en el cuello,
escupiendo otro día,
muchas son las horas,
siempre en contra,
bebiendo hasta opacarnos.

No quiero saber,
si somos bebés muertos,
con el nombre equivocado,
si son verdad los minutos
cuando la noche
hierve en su boca,
metálica, tosca, carnosa,
no sé cuándo o por qué,
vamos a despertar,

son estas luces,
colores como un fuego 
rojo aterciopelado,
contagiándose en mi cuerpo,
solo y sin voz,
nada viene fácil,
otro golpe y me rompen la nariz,
la intuición no me falla,
voy pronto a morir.


Ilustración: "El esqueleto de la iglesia de Hólar" por George Cruikshank

PELEA A MUERTE

 

¡Qué glorioso día! 
ansioso de vida y victorias,
donde la lucha parece no terminar,
tampoco quiero, lo que puedo fácil ganar.

Protesto con voz clara,
como si al cielo le importase,
clavado en la tierra entre huesos y entrañas,
qué podría pedir, alguna salvación quizá.

Quiero sepas la verdad,
cuanto quiero pelarme los párpados
y libres mis ojos, ver a través del tejido en la noche,
necedad o necesidad, adivina tú.

El dolor acosa mis intenciones,
es un sabor insulso cada día,
tendré la razón o miento,
gustando del miedo a quedarme ciego.

Mudo, frío, confortablemente tieso,
muerto en vida mientras cruzas riendo,
cuánto te detesto y quisiera gritar,
más loable el olvido, la mejilla de la derrota. 

Nada permanece como deseamos,
salvo esta pelea a muerte entre nosotros,
vasta humanidad a punto de irse,
quedamos frente a frente, tú y yo.



Ilustración: "Don Quijote y la muerte" por Theodor Baierl 
basada en "El caballero, la muerte y el diablo"

JUGUETES ROTOS

 

La misma conversación de días,
un trato, una imposición,
la pistola mira de frente,
tiene un ojo puesto en el cielo,
atrapándonos en la necedad
de su voz, de su eco.

Deseé un segundo más,
para darle veracidad a mi vida,
entre palabras huecas,
muchas notas rojas,
a veces miro en el espejo,
aquel animal senil,
de respiración ronca y piel
carcomida por gusanos.

Quién puede saber,
o mínimamente salvarnos,
algunas cosas fueron hechas
para durar la eternidad,
un rostro terso, 
una pesada catedral,
un poquito de felicidad
que no sea misera ilusión,
un golpe de endorfina, 
nada me queda por mentir.

Y antes del disparo,
un corte en la mejilla,
caliente y rápido,
tanta conversación tonta,
dejándome la lengua lisiada,
me gustaría escribir sin freno,
pero hay demasiadas
horas muertas,
y recuerdos frívolos
de juguetes rotos.




Ilustración por Abby Morton Diaz

jueves, 23 de abril de 2026

OSCURIDAD

 

Desperté de cabeza,
despedazado,
en mil filamentos 
que descendían lento,
derretido,
estirado,
cortado.

Soñé lo que no quería,
ay, de esta luz,
un nuevo camino,
reflejando lo que fui,
el cause divino, 
como un espejo,
asqueado,
sin pies
ni 
ojos
cabeza.

Y fue tu voz llegándome 
como una flecha,
punzante, sedienta,
un sueño,
tuyo o contigo,
estabas ahí,
acariciándome 
los dedos,
el cabello, 
las mejillas,
salvando mis lágrimas,
antes de caer
sobre torsos y muslos
desnudos

que van y vienen, 
aullándole a una luna roja,
como la carne en 
nuestros hocicos, 
en los pedazos que caen,
jugosos y apestando,
y con mi 
aliento salido,
te nombro
en 
la 
oscuridad



Ilustración: "En la oscuridad nadie puede ver lo que sucede" por Ray Frederick Coyle