¡Qué glorioso día!
ansioso de vida y victorias,
donde la lucha parece no terminar,
tampoco quiero, lo que puedo fácil ganar.
Protesto con voz clara,
como si al cielo le importase,
clavado en la tierra entre huesos y entrañas,
qué podría pedir, alguna salvación quizá.
Quiero sepas la verdad,
cuanto quiero pelarme los párpados
y libres mis ojos, ver a través del tejido en la noche,
necedad o necesidad, adivina tú.
El dolor acosa mis intenciones,
es un sabor insulso cada día,
tendré la razón o miento,
gustando del miedo a quedarme ciego.
Mudo, frío, confortablemente tieso,
muerto en vida mientras cruzas riendo,
cuánto te detesto y quisiera gritar,
más loable el olvido, la mejilla de la derrota.
Nada permanece como deseamos,
salvo esta pelea a muerte entre nosotros,
vasta humanidad a punto de irse,
quedamos frente a frente, tú y yo.
Ilustración: "Don Quijote y la muerte" por Theodor Baierl
basada en "El caballero, la muerte y el diablo"

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