martes, 28 de abril de 2026

PÁLIDOS DE CROMO

 

Confío en lo que veo,
mil luces en este momento,
en el cielo, en todo mi cuerpo,
sin cuencas que guarden la mirada,
ojos de sangre gritando
en mis manos.

Dices civilizado,
lento y sin pies,
conversamos por horas,
apostando el dinero 
que no tenemos,
además de hablar,
nos movemos por
la calle fría
y mandamos 
la decencia al carajo.

A golpes nos matarán,
dos o tres en la cabeza,
uno fuerte nos rompe los dientes,
un destello caliente,
un puño, una patada,
y luego, esta cara hinchada, 
salvaje.

Volvemos al amanecer,
sin hogar o destino,
salvo los pantalones rotos,
sin huesos en el cuello,
escupiendo otro día,
muchas son las horas,
siempre en contra,
bebiendo hasta opacarnos.

No quiero saber,
si somos bebés muertos,
con el nombre equivocado,
si son verdad los minutos
cuando la noche
hierve en su boca,
metálica, tosca, carnosa,
no sé cuándo o por qué,
vamos a despertar,

son estas luces,
colores como un fuego 
rojo aterciopelado,
contagiándose en mi cuerpo,
solo y sin voz,
nada viene fácil,
otro golpe y me rompen la nariz,
la intuición no me falla,
voy pronto a morir.


Ilustración: "El esqueleto de la iglesia de Hólar" por George Cruikshank

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