Blog dedicado al espacio de la escritura, a la incisión proscrita del alma y su reconocimiento desesperado.
sábado, 18 de abril de 2020
OBSIDIANA
Si pudieses escuchar,
los pensamientos en mi cabeza,
revoloteando juntos,
chocando contra
sus gruesas paredes,
igual a moscas grises,
si pudieses leer mi poema,
si pudieses escuchar mi disculpa.
Fuimos jóvenes,
de ímpetu compartido,
y una amistad real,
fuimos jóvenes,
imaginando un triunfo tras otro,
a través de la letra,
los sueños y el espacio con sus estrellas.
También leí tu obra,
fantástica como tus ideas,
hoy, consiste en puros recuerdos,
de aquellos días febriles,
nunca imaginé lo frágil que eras,
o el tamaño de tu corazón siquiera.
Sobrevivimos la edad,
pero no sé dónde estás,
moviste tu mochila a la Argentina,
encontrando tu alma gemela,
viviendo como imaginaste,
primero Dios,
quiero lo mejor para ti.
Sobrevivimos la edad,
donde cualquier bruma
incitaba una carcajada,
y recuerdo a tu familia,
ahora, ¿Qué es de ellos?
Tu hermano gemelo,
con quien reímos por
largas horas en su dormitorio,
tu hermana, con quien
realicé una fantasía de suspiros
y una confesión literaria,
tu hermano más chico,
no recuerdo lo que estudiaba,
y tu papá,
brillante caballero,
y tu mamá,
hermosa dama.
He leído tu obra,
en mi confiaste para construirla,
hoy, la protejo como si fuese mi hija,
y la llamo, Obsidiana,
como el recuerdo forjado,
en tiempos de nuestra amistad.
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