lunes, 30 de noviembre de 2020

EL AYUNO DE LAS COSAS IMPORTANTES

 

He dado con la verdad,
aquel factor, 
que se mueve con el tiempo.

La verdad,
se encarna en la piel 
como arrugas,
en los días de la juventud,
cuando todo fue vitalidad,
la distancia y el olvido,
una vida nueva,
esperando por retoñar.

Aguanté la respiración,
un segundo,
un día entero,
es una cuestión de valor,
quiero conservar
mi razón.

Esperando en silencio,
nuestro hoy,
no podría ser distinto,
esperando de pie,
como tantas veces,
en la calle,
en una habitación,
en el salón,
en la iglesia,
en la estación,
bajo el sol,
cobijado por la noche,
esperando,
librarse del miedo,
de quien fuiste,
liberando nuevas intenciones,
planes, 
quien eres.

Quien eres ahora.

Ahora,
palabra altisonante,
sangra en los oídos,
destructora de nostalgia,
ahora,
palabra que lastima,
un dolor tan dulce,
tan precario y amoroso,
se abraza a tu vida,
ahora,
a manos llenas
o dejando todo atrás.

No, no es un sueño imposible,
este deseo que tanto arde,
valiéndose de escribir,
recitando a la nada,
en cualquier oportunidad, 
expresando lo que observan
mis ojos, lo que este corazón
siente, amor, pasión,
un arrebato y tribulación.

Remitiré mis sentimientos,
a donde pertenezco,
esas calles donde los recuerdos
continúan paseando,
remitiré una o dos historias,
a esos momentos tan únicos,
perteneciendo a la luz árida del sol,
pálida, transparente,
como un fantasma omnipresente.

Afuera, 
espera un mundo gigante por conocer,
avanzando hacia el futuro,
despegado los pies del suelo.

Hoy,
parece que la oscuridad se cierra,
y mis ojos reflejan un vacío,
conteniendo en mis manos,
alegría tan hermosa,
en mi vida,
en mi ayuno de las cosas
que importan,
hoy, 
cuando este cielo es uno
con la tierra,
cuando suceden miles
de golpes que son fatales,
hoy,
cuando descubro la 
libertad,
para andar,
para decidir,
para amar.



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