Penumbra que te cruzas
en mi corazón,
eres la gruesa manta
para el frío de
la mañana,
eres la indiferencia
del sol y sus días,
eres un ciclo
carente de voz.
Ay, inspiración,
no escapes de mi...
Si me buscas,
aquí estaré.
Dediqué mis recuerdos,
cuando muchacho,
a todas mis horas perdidas,
aquellas que se destilaron
desde mi boca,
dichas como palabras,
puestas en papel.
Y es verdad,
se quemó tan pronto
crecí.
Caminé tanto
y valió poco.
Un día sin que soñara,
alrededor de mis manos,
frente a mis ojos,
las cuentas fallaron,
un hombre de aspecto
semejante a Cristo,
en esencia,
mis acciones bendijo,
y aquellos lugares
donde estaré,
el momento exacto,
cuando sobrepase,
el ocaso.
Y suspendido una noche,
igual a todas,
tras el grito de la veladora,
las cuentas fallaron,
fue una advertencia,
una orilla lejana,
supe y nada volvió a
ser como era.
Ay, en la penumbra,
exploté,
dejé mi antiguo cuerpo,
emprendí una búsqueda,
para expropiar mis
andanzas en la tierra,
exploté,
sin nombre,
con una lista inútil
y descolorida,
mis poemas,
vacuos,
acometidos en el caos
moderno de mis
pericias,
y es verdad,
fue verdad,
exploté...
Frente a los campos de azúcar,
atrás, en la penumbra,
embriagado y con el corazón
sostenido en la mano,
corriendo noche tras noche,
aproximándome a la luz,
mis sueños lentamente
se ahogaron
en mi cabeza
que luego fue tuya
antes,
antes siquiera de saber
lo que vivir significaba.
Inspiración...
si me buscas,
aquí estaré.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario