Heme aquí,
liderando el alma,
su resplandor tras mi cabeza,
en un halo compuesto de aves,
plumas de colores y silbidos,
heme aquí,
prisionero del destino.
Hubo un grito
en la noche.
Yo acudí.
Aquí camina mi espíritu,
tras los despojos de una nación,
ceniza de la naturaleza,
encarnándose en la tragedia,
quiero contener en mis ojos,
algo más que una promesa,
allá, donde los niños nacen libres,
allá, donde quedó mi
cuerpo sepultado...
Allá, donde el eco me reconoce...
Y mantengo esperanza,
mientras duermo,
y de mis manos abiertas,
brotan flores inmensas,
su olor, sus colores,
reclamando un día nuevo,
una espera de hambre y sed,
mantengo la esperanza,
donde mis huesos
no marquen diferencia.
Quiero tallar mi rostro en madera,
iniciar la hoguera que brinde calor
a este mundo,
afuera, donde me cubrió
el galope de una avalancha,
donde mi voz no sea un fantasma,
donde sean una realidad mis sueños,
donde no tenga miedo de morir.
La nieve es resplandor,
su frío, su calma,
su brillo.
Aquí, todo termina,
he abandonado mi nombre,
morando en la intemperie,
cayendo desde el cielo,
como nieve roja,
en mis ojos,
pies y costado,
cabalgando los segundos,
aquí, el mundo termina,
a orillas de mi cordura,
despertando ciego,
tras una resolana
de luz cálida.

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