viernes, 27 de noviembre de 2020

POEMAS DE LA CALLE

 

Estos son mis deseos,
una voz que sea escuchada,
un mundo y rostro nuevos,
cientos de flores,
un cielo más grande...

Depositario para las almas

Estos poemas de la calle,
vienen y van,
como caricias tiernas,
yéndose a dormir,
despertándose en el futuro,
en la distancia de 
lugar ninguno,
y me pregunto,
cuáles fueron sus nombres,
humanidad,
raza,
marabunta.

Tocando el aire,
respirando un destello,
sea la luz en tus ojos,
famosa como el tiempo,
persiguiendo la candidez
que ofrecen los días,
capturando en este corazón,
la sonrisa de la luna,
y me pregunto,
lo que no es posible 
contestar.

Los días son como canciones,
tienen una duración,
melodía y ritmo,
voces que fungen como una realidad,
mensajes por millares,
navegando de sur a norte,
discutiendo alrededor de este planeta,
por nuestro destino,
inmolándose al despertar.

Los poemas de la calle,
ayer se fueron,
abrazando la noche,
se fueron con la juventud,
porque todo tiene su hora,
una broma sin gracia,
tan cruel e indiferente,
palideciendo como el marfil,
y en la cabeza un golpe,
para caer,
caer,
caer,
en medio de la calle.

Ay, de mi,
de las palabras,
de los versos,
de los años...

¿Adónde van?

Cuando la convivencia
se apaga,
convertidos en reproches
estos sentimientos,
ahora son bestias que aúllan
en la oscuridad,
y frente a los ojos,
manifiesta un diablo amarillo,
el rumor de la distancia.

Y tengo,
ese toque de chaman, 
concedido por la poesía,
e imagino su sabor,
dulce como la miel,
e imagino su desesperación,
apretando muy fuerte
el centro de mi garganta. 

A la deriva,
andando por una calle vacía,
batiéndome con abandonar mi corazón, 
escapar de mi propio rostro,
cambiar de nombre,
y deteniéndome un momento,
un velorio sucede en el espejo,
la premonición,
la memoria perdida,
si una bala reclama pronto,
si una sombra es el abrigo más caro,
tal vez no merezca el esfuerzo,
advertir el desastre,
sacudir los hombros,
el camino en declive...

No, no puedo aceptarlo,
la poesía es mi amiga,
amante, armadura,
un rosario de cuentas doradas,
un sol en el cenit,
un camino a la salvación,
con mil sueños que fluyen
bajo los parpados,
como un río de almas perdidas,
quédate un momento
y respira...

es lo que me dice.

A carcajadas,
doy la bienvenida,
entre mis dedos,
mariposas hechas de algodón,
y suceden otra vez,
los susurros,
cuando duermo,
el enigma en el centro de mi vida,
un sentimiento de escalofríos,
la felicidad, es verdad, es real,
un canto,
una despedida,
un cambio de página,
quemándose en la llama...

apaga la veladora,
cuando salgas



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