Semana larga,
acomedido sin entender,
qué sucede cada día
en mi cabeza,
qué son las cifras delante,
muy rápido desaparecen,
pero el sudor,
el chillido de los dientes,
taquicardias
a las tres de la mañana,
esas, no se detienen.
Podría saber qué sucede,
si acaso el tiempo dejara
de escurrirse como agua
entre los dedos,
quisiera tener certezas,
pero soy yo
y nada más.
Semana corta,
una de esas pocas,
días libres, con el ocio
en la boca,
mientras disfrutas,
el monstruo crece,
así lo quiero,
así lo esperé,
nunca me deja solo,
experto en hacer enemigos,
miles de pendientes
esperando en la computadora,
otro maldito día.
En un pestañeo va y viene el mundo,
contagiándonos con su miedo,
con su risa y lágrimas como llovizna,
sabemos de una tierra y un cielo,
colapsando al mismo tiempo,
en el mismo sueño,
en el rigor supremo de 9 a 6,
y después,
una muerte lenta,
silenciosa.
Ilustración "El lobo, como una sombra" por Nikolai Ustinov

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