Recorre la cortina,
acaricia el terciopelo,
tus párpados no son ajenos,
al tacto con la lista
y sus nombres,
es un nuevo día,
el camino ya es otro,
todo cambía,
tarde,
o muy pronto.
En tu casa,
en tu mesa,
estoy de pie al umbral,
sirve una copa,
un plato,
prepara una cama,
ten,
devuelvo tu recuerdo,
uno de juventud vigorosa,
de cantos infantiles
y padres cariñosos,
pregúntate quién jala de la cuerda,
en tu cabeza,
en todo lo que te resta de vida.
Hasta qué punto se inclinan
la balanza y tus ojos,
concediendo lo que pediste
una noche lluviosa,
frente a tu altar de fuego,
y adornos de ramas torcidas,
qué fueron de las voces
actuando en tu garganta,
de la sangre que lento
cayó en sus fauces,
eres el invitado
en tu propia casa,
en tu cuerpo,
en tu alma.
Ya no somos el sueño,
sólo un granito del tiempo,
desintegrándose sin que nadie
observe, sin nadie que recite
un poema u oración,
deja caer la cortina,
todo lo que tocas,
frágil y desgarrado,
es un nuevo día,
el camino es otro,
todo cambia
por muy tarde
o temprano.
Ilustración: "Omnipresencia" por Devinez

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