viernes, 11 de septiembre de 2020

ANIMOSIDAD

 
Confieso, es verdad,
tengo un problema,
dime si lo que ves 
en mis ojos.

Mi mente fue controlada,
por injurias que propiné
a mi prójimo,
nada quiero decir,
salvo mi satisfacción,
fue costoso el precio,
un ojo por otro,
una vida contra la mía.

Mira mis manos,
no les apartes la vista,
no bebo, no tengo razón,
no fumo, no tengo nada,
posesiones que absorben
mi alma, y me condenan
a sufrir en este mundo.

Sólo quiero gritar,
golpear el suelo,
en un arranque,
subir por las paredes,
y arrojarme al vacío 
de mis recuerdos.

No quiero ser indiferente,
es mucha esta sed,
por romperme la cabeza,
un hambre que no es fácil
controlar, es mi terror,
se quema, se quema,
mi piel, mi abdomen,
aquí va la marabunta...

vomité.

En mis sueños soy rabioso,
abstemio,
de todo, un pecador,
en mi vida un pasillo
sin fondo,
desintoxicado,
un cuerpo al que me
gusta golpear.

Todavía cuestiono,
el origen de este ardor,
directo en mi pecho,
un dolor que muerde 
y lacera mi cuello,
es una respuesta que 
ya conozco...

¿Cómo podremos coexistir?

Abre mis ojos,
son otra mañana en la penumbra,
toma mis piernas,
córtalas antes de partir,
derramé mucho veneno
por la nariz, por la lengua,
ahora sangran, 
sangran mis puños,
me quiero morir...

Un beso al pavimento,
insolente, 
al mundo loco.



Ilustración: Marilyn Manson

ABSTINENCIA


Estoy soñando con despertar,
otro día, igual que ayer,
con el temblor en mi cuerpo,
con todas mis ideas
revolcándose en el vomito. 

Quiero mostrarle al mundo,
mi nueva cara,
el espectro demacrado,
una tarde cuando el sol murió.

Amanece,
mira, el cielo abre,
las rejas incandescentes del infierno,
un desierto mis ojos,
un par agujeros negros.

Tengo sed,
por vender mi cuerpo,
a un cruel carnicero,
piernas y testículos,
autoridad y cabellera.

Príncipe de la desaparición,
esclavo del silencio,
nadie escucha los latidos
de  tu corazón,
es una máquina de matar,
ya no, ya no más,
y maldigo tu suerte,
condenado todo el tiempo,
intercambiando gestos
tras el espejo.

Tengo frío,
si acaso la historia no miente,
imbécil, condenado a repetir,
los mismos pasos sin dirección,
ahora y cuando joven,
el mismo destino parece,
un pozo sin fondo.

Y ahora,
con todas las almas en el limbo,
gritando al mismo tiempo,
¿Cuál nombre dirán?
Tuyo o mio,
en nuestras manos yace,
la carne quemada de los
muertos...

Oh, abstinencia agotadora,
eres peor amante por las mañanas,
desearía cortar mi cuello,
te maldigo,
y me fastidio,
porque es tal mi pobreza,
las carencias de espíritu,
me he cansado de bailar
y nada conseguir,
porque eres tú,
abstinencia,
y el sol es tuyo,
en un romance secreto,
¿Qué puedo decir?

No quiero amanecer...

Ahora,
bajo la mirada de Dios,
eres tú, mi justo castigo,
purifica mis anhelos,
mis extravíos,
mis remordimientos,
purifícame en un milagro,
con una bala entre los dientes,
un pedazo de carne cruda,
nada escapa a la sangre,
nadie escapa,
sin morir antes. 



Ilustración: El martirio de San Felipe por José de Ribera

lunes, 7 de septiembre de 2020

SOCIEDAD SUICIDA

 

A todos los habitantes,

bailen para sus amos,

encuentren en sus rostros,

el deseo perdido

de los muertos.


Una mosca pegada en la pared,

temeroso ser humano,

con la mirada perdida en el cielo,

vestido con el negro de la noche,

bajo sus párpados,

habitan para siempre,

el remordimiento

de los que se fueron.


Ciudad de ignorantes,

huesos comestibles,

aquí las balas son

bendición del aire,

democrática elección.  


¿A quién vas a rezarle?

Somos máquinas sin voz,

nuestra alegría,

marcada por el dedo del Diablo,

somos una bomba de tiempo,

explotando donde 

los inocentes nacen.


Vamos sin encontrar un nombre,

santo, pecador, humano,

expectativa media para vivir,

esclavos de la nada,

cuando matar no es suficiente,

nuestro sufrimiento es

un tesoro enterrado.


Sociedad suicida,

vertidos desde los ojos en el cielo,

a una vida que pronuncia mal 

las vocales, las fracciones,

máquinas tan imbéciles 

con problemas diminutos.


Sociedad suicida,

disponiendo de su sombra,

un ramo negro de flores,

cazando los gusanos,

las babas, los minutos,

son prestados, 

a la sociedad que nada significa,

en sus palabras,

la culpa es un estado superior

de consciencia.


Es la vida,

una frágil línea 

que divide perder de ganar,

un permanente vacío existencial,

o un drama cuyo final,

es una pesadilla 

descomunal. 


Ilustración: Sangfrais por Michel Lagevin

A TODOS LOS MONSTRUOS


Mírenme con sus ojos de plástico,
de iris rosado o verdes,
moldeados por el dedo del hombre.

Creo haber escuchado,
la voz de los ángeles,
tal vez cien, o mil,
al unisono:

¿Por qué habríamos de ser compasivos?
somos almas perdidas.

Y hablo a todos los monstruos,
en este bello mundo,
encarrujados por el miedo, 
por su propia especie,

Mírenme, tomando vuelo,
desde un vaso quebrado,
moral de una sociedad
que se devora a sí misma.

Mírense directo en la pupila,
a pesar de los años,
sobrevivimos con el
estómago revuelto,
hay se agita en el corazón
colectivo,
un nido de gusanos,
las entrañas de la tierra,
buscando venganza.

Confieso mis temores,
no existimos en ningún lugar,
somos sombras de la carne,
una memoria dividida 
entre el ruido y el silencio.

Somos alimento para animales,
pasando las noches con los parpados
sostenidos con clavos,
es el trabajo del dolor,
es verdad,
nuestra sangre tiene sabor.

Nuestras necesidad,
es con el ser humano,
real, asesino, despojo,
hijo, hermano, padre,
cadáver, 
confesando de una
imaginación a otra,
porque una vez terminado
este poema,
la plétora es siempre 
la misma...

no existimos...

si algo es verdad

es que nunca nos 
volveremos a encontrar...



Ilustración: Otto Dix

viernes, 4 de septiembre de 2020

UNIENDO LAS PIEZAS

 

Aquí no es la eternidad...

Atorado entre paredes,
es una trampa mortal,
nuestro cuerpo cubierto 
con la carne, 
debajo, habitan los huesos,
nuestras piezas.

Convénceme,
esta vida es demasiado grande,
eleva mi espíritu
a través de complicar mi mente.

De pie,
frente a la máquina,
el tiempo es un ataque furioso,
abre tus ojos,
observa las fases de este día,
sigue por tu camino,
observa la figura en el suelo,
hablarán contigo las migajas.

Encarnando una idea,
libertad para andar,
por esta carretera de sueños,
una palabra, un ensayo,
contraatacando con fuego,
respirando este aire
por encima de las nubes,
aguantando el pesos de
las olas,
la tierra no parece sonreír.

Voy imaginando 
otra realidad,
uniendo las piezas
del futuro...

Así van los años,
cruzando nuestros latidos,
nadie es un héroe,
perdiendo la batalla contra
la enfermedad,
no está en el aire,
no está en el agua,
la mente es enemiga,
alma,
hoy reclamas un brillo,
aquel que perdone la indecencia,
alma,
hoy reclamas la victoria 
tras tus vidas en agonía.

Convénceme,
hay tantas cosas que no comprendo,
eleva mi consciencia,
una sombra cubre mi corazón.

Aquí vamos,
concediéndole velocidad al amor,
mirando por debajo,
los restos del orgullo,
hoy nada queda,
estamos congelados,
mirando los restos de la ira,
mordiendo el cuello,
una pieza conecta con la otra...

El amor es una flama inquieta,
divagando de un lugar a otro,
no es imaginación,
sucede en cada extremidad,
cuando de noche,
los sueños incendian su
inspiración,
asesinando un poema,
contra partes de un solo
dilema.

Libérame,
en alguno de tus suspiros,
son un misterio para mi,
en algún punto entre la luna y el sol.

Y sólo importa el día,
naciendo de la ceniza,
es resplandeciente gloria,
soñando con este momento,
cuando la existencia se
fundió entre la piel de
mis dedos,
terminé por escribir,
mi propio destino.

Decidí trascender,
sin complejo,
aquí estoy,
en mi nombre,
en todo lo que soy,
conformando una mente,
un espíritu,
encontrando mi realidad,
estado de la consciencia
donde pueda establecer
un hogar.


Ilustración: Obliteration por Roger Dean

martes, 1 de septiembre de 2020

TO THE LOVE CHILD

 

Fumando con ambos ojos,

reconozco un infierno nuevo,

he viajado en círculos,

perdido todo contacto

con este mundo

o cualquier otro.


No creo ser,

quien alguna vez

miré con inocencia

en el espejo...


Los caminos se cruzan,

es la cacería del destino,

la presencia que me acosa,

un sueño donde mi voz

no tiene sonido...


Donde mis ojos

carecen de luz...


Fluyo sin temor

entre ondas permanentes,

entre pinturas que se mueven,

mis ánimos hierven,

me gusta el ritmo,

me gusta la melodía,

el amanecer despierta,

iluminando todo el cielo,

afuera, afuera,

donde la enfermedad se encuentra,

pero es demasiado temprano,

siete con treinta,

no tiene sentido,

no lo tengo,

sólo éstas palabras.


Y es verdad,

sensación extraña en toda la piel,

imágenes grises de recuerdos,

impregnados sobre la almohada 

como sudor grasiento,

que no me fallen las palabras,

porque si este planeta,

si este universo,

son despojos de un sueño,

continúan siendo los mejores.


Cierra los párpados,

para que puedas ver,

se quema,

se quema tu casa

sobre la cúpula celestial,

se quema,

love child.


Cierto,

es mucha la presión,

puede que no distinga,

calor o frío

viajando a través de mis venas,

como la noche que bebe

un vaso de transparente licor,

el sabor es sangre,

derramada sobre el pavimento,

amanece y estamos secos,

aplastados como insectos.


Ay, madre,

en tus lápices concebiste 

mis suspiros,

en tus ojos noté

el sufrimiento,

en tus latidos,

realizaste el tiempo...


Ilustración: "El otro reloj" por Remedios Varo

DELATOR


Situé mis palabras,
en boca de otros,
haciéndoles daño,
miré las yagas, 
consentí curar 
mis heridas en 
el precipicio.

En mis manos
nacieron los gusanos,
fueron el sueño 
de un niño,
traicioné sus anhelos,
en mi, 
la edad triunfó. 

Fui yo,
y la otra voz...


Mis acciones,
fueron descubiertas
a plena luz,
como un hueco en la tierra,
y solté mi lengua
para mover mis labios, 
mi vocación es invencible,
sentimientos que se imprimen,
con el sudor de la vida.

Es verdad si lo digo,
delaté mis intenciones
y deseos,
olvidé mi corazón,
y maté 
todos mis recuerdos.

Cuando le sonreí a la noche,
prometí lo imposible,
no sucumbir a la seducción 
de la estera marchita,
aquella oscuridad
donde las moscas
hacen el amor.

Sobre esta tierra,
la idea de un cielo,
no es otra cosa que
la condena misma,
en visiones vi,
este universo colapsar,
canté bajo las luces,
mediando entre 
el ruido del sol 
y el silencio de la luna.

Cuando fui ave
corté mis alas,
nací perro,
para intercambiar
casi por nada,
mi corazón.

Mis palabras,
hicieron el mal,
fueron un eco
brillando de noche,
mientras los años pasan
sin voltear,
la carne resiente
toda su indiferencia.

Delator de injurias,
de la poesía,
de la juventud que se acaba,
sosteniendo en mis manos,
una jaula dorada,
guardando el aire,
porque las nubes vaticinan
una tormenta,
quizá hoy llegue el apocalipsis,
o tal vez, mañana...

Fui culpable,
de las promesas que firmé,
con la tinta que sustituye
mi sangre.

Y esta bajo mi carne,
corre por la ruta
de los recuerdos,
en vista del mal que hice,
en mi vida se cosechó 
los crímenes de toda,
toda la humanidad.


Ilustración: absurdian