Fumando con ambos ojos,
reconozco un infierno nuevo,
he viajado en círculos,
perdido todo contacto
con este mundo
o cualquier otro.
No creo ser,
quien alguna vez
miré con inocencia
en el espejo...
Los caminos se cruzan,
es la cacería del destino,
la presencia que me acosa,
un sueño donde mi voz
no tiene sonido...
Donde mis ojos
carecen de luz...
Fluyo sin temor
entre ondas permanentes,
entre pinturas que se mueven,
mis ánimos hierven,
me gusta el ritmo,
me gusta la melodía,
el amanecer despierta,
iluminando todo el cielo,
afuera, afuera,
donde la enfermedad se encuentra,
pero es demasiado temprano,
siete con treinta,
no tiene sentido,
no lo tengo,
sólo éstas palabras.
Y es verdad,
sensación extraña en toda la piel,
imágenes grises de recuerdos,
impregnados sobre la almohada
como sudor grasiento,
que no me fallen las palabras,
porque si este planeta,
si este universo,
son despojos de un sueño,
continúan siendo los mejores.
Cierra los párpados,
para que puedas ver,
se quema,
se quema tu casa
sobre la cúpula celestial,
se quema,
love child.
Cierto,
es mucha la presión,
puede que no distinga,
calor o frío
viajando a través de mis venas,
como la noche que bebe
un vaso de transparente licor,
el sabor es sangre,
derramada sobre el pavimento,
amanece y estamos secos,
aplastados como insectos.
Ay, madre,
en tus lápices concebiste
mis suspiros,
en tus ojos noté
el sufrimiento,
en tus latidos,
realizaste el tiempo...
Ilustración: "El otro reloj" por Remedios Varo

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