Mírenme con sus ojos de plástico,
de iris rosado o verdes,
moldeados por el dedo del hombre.
Creo haber escuchado,
la voz de los ángeles,
tal vez cien, o mil,
al unisono:
Somos alimento para animales,
pasando las noches con los parpados
sostenidos con clavos,
no existimos...
¿Por qué habríamos de ser compasivos?
somos almas perdidas.
somos almas perdidas.
Y hablo a todos los monstruos,
en este bello mundo,
encarrujados por el miedo,
por su propia especie,
Mírenme, tomando vuelo,
desde un vaso quebrado,
moral de una sociedad
que se devora a sí misma.
desde un vaso quebrado,
moral de una sociedad
que se devora a sí misma.
Mírense directo en la pupila,
a pesar de los años,
sobrevivimos con el
Confieso mis temores,
no existimos en ningún lugar,
somos sombras de la carne,
una memoria dividida
entre el ruido y el silencio.
sobrevivimos con el
estómago revuelto,
hay se agita en el corazón
colectivo,
un nido de gusanos,
las entrañas de la tierra,
buscando venganza.
Confieso mis temores,
no existimos en ningún lugar,
somos sombras de la carne,
una memoria dividida
entre el ruido y el silencio.
Somos alimento para animales,
pasando las noches con los parpados
sostenidos con clavos,
es el trabajo del dolor,
es verdad,
nuestra sangre tiene sabor.
Nuestras necesidad,
Nuestras necesidad,
es con el ser humano,
real, asesino, despojo,
hijo, hermano, padre,
cadáver,
confesando de una
confesando de una
imaginación a otra,
porque una vez terminado
este poema,
la plétora es siempre
la misma...
no existimos...
si algo es verdad
es que nunca nos
volveremos a encontrar...
Ilustración: Otto Dix

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