Al fin sucede
un carrete con una a una
de nuestras imágenes,
noches de lluvia empapándonos,
corriendo o bailando
apenas y me acuerdo,
pero es tan vivido,
cuando entraste en el local
apenas iluminado,
acogedor, cálido
en tu sabiduría no pudiste
seleccionar mejor refugio,
aquella librería con cafés y galletas,
se volvió nuestra favorita.
Bebimos
y
nos fuimos,
rompiendo caminos,
hostiles, lacerados,
con palabras de muerte
sin escupirse,
y me pregunto si
acaso extrañas lo mismo,
tanta violencia acallada,
cortándonos la yema
de los dedos
el girar de las páginas viejas,
el aroma azucarado,
las lamparitas anaranjadas,
los cojines abollados,
el toque de nuestras pieles,
intentando revertir el exilio,
con nuestras manos hundidas
en la suciedad.
No sé
si este miedo es sólo mío
es acaso tu último regalo
hoy quiero besarme con el olvido,
no saberme el nombre de las calles,
desaparecer de mis ojos la ruta,
sí, ya lo sé
apenas y de tu nombre me acuerdo
cuando llueve de noche
me asusto,
es lo único que de ti me queda
y hay demasiadas noches
todavía por suceder.
¿Puedes vernos?
Acurrucados solos
bajo el aguacero
¿Puedes vernos?
Sin remedio
odiándonos toda la vida
un suspiro detenido
en el tiempo.
Ilustración: "Beatriz y Virgilio" por Gustave Doré

No hay comentarios.:
Publicar un comentario