Arropamos demasiadas
palabras en la niebla,
un extracto de nuestras vidas,
inmensas como un eco,
bombas sin nombre,
quemándose a la deriva,
narcisos,
pero es vulgar, demoniaco,
azotando mil y un cabezas,
el tiempo dice
lo que queremos y evadimos,
contando en reversa,
mira de frente,
el señuelo relampaguea,
estamos a punto de sufrir
en nuestros cerebros,
una ofrenda fantástica de tripas
y ambrosía, calaveras
y panfletos cobrizos cuya
tipografía y resolana
sólo gritan ¡Guerra!
Rápido y sucio,
un golpe puntual
entre los ojos, habitaciones
oscuras y en silencio,
sepulcro de cuerpos
uniformados, desnudos,
sobre el campo de amapolas,
botan las alarmas hasta desangrarse,
amanecer en ácido,
y el remolino parco de recuerdos,
infelices que eructan la metralla,
ladrillos devorando bebés,
narcisos en tu garganta,
en la mía, en el cáncer colectivo,
arde y es caprichoso,
nada quiero que sepas,
salvo una bala o cientos de miles
afilándose en las fauces con odio
ese que el ser humano se profesa
uno al otro y somos nosotros,
somos el armagedón extrañando
el inicio de todo,
apenas con vida para celebrar
la gran obra,
palabras o escupitajos,
cuerpos de corazones rotos,
almas chamuscadas
porque nadie es inocente
y no sabes cuan pronto
te matarán.
Ilustración: "Bote solitario" por Hans Thoma

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