sábado, 30 de mayo de 2026

UNO Y MIL MOTIVOS PARA ODIARME

 

Qué necesidad tengo,
de ser yo todos los días,
encarnizado,
mírame de nuevo,
yo sé quien soy:
ánimo y veneno.

De nada sirven mis trucos,
porque las intenciones
cuentan estando vivos,
ando ciego a pesar del día,
del sol, de las señales en el aire,
le doy besos al suelo,
nublado de ira,
un silencio que muerde
mis manos y cuello.

Sólo quiero ser un fantasma,
que nadie me mire,
nadie me hable,
he perdido la razón,
porque en cualquier cosa 
que pienso,
soy grotesco,
ampuloso,
un baboso sin sueños,
inútil y sin peso.

La bondad es sólo un camino,
un premio sin recibir,
qué hay en mi mente,
sino carnicerías,
mirando pasar sombras
y palabras que no están,
qué me queda,
además de un vacío,
desear todo el mal 
que pueda.

Por qué la vida me eligió
para cargar este sustento,
motivos de más,
sin control mientras
babeo y soy
el peor egoísta,
bueno o malo,
apestoso como las horas,
que saben rancio.

Qué necesidad,
de ser bueno o malo,
cuando puedo mandar
todo al diablo,
te odio por odiarme,
y me odio porque me gusta.



Ilustración: "Tiradentes descuartizado" por Pedro Américo

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