Es la vida una celebración,
a salud del tiempo,
derramando copas
toda la noche,
andando lento por
esta ciudad,
bajo el mismo reflector,
el de tus astillados ojos.
Sabré cómo sobrevivir,
a pesar del frío,
del hambre,
de estas piernas rotas,
de esta cabeza aplastada,
quizá un grito de ayuda baste,
chocar nuevamente el cristal,
cuando el mensaje
sea claro,
nadie vendrá.
La fiesta continua,
con o sin los demás,
fotografías por miles
sosteniendo la pared,
pero mira,
este es nuestro destino,
el tuyo de gloria y triunfo,
y este, el mío,
desvalido,
en la calle.
Es la vida una celebración,
donde nada se puede saber,
los días son regalos,
una oportunidad
de gastar tu revancha,
pero oye,
no mates al mensajero,
vine y pronto me iré,
a festejar en otra parte,
en otro yo,
en otra etapa del ser,
o como sea.
Ilustración: Frank Wiles

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