Te veo en mis pesadillas,
esa mano que respira al darme luz,
el día, mi maldición,
como ruido de elevadores,
máquinas que van al cielo,
y donde juntos,
llegamos al infierno.
Eres testigo de irnos sin rumbo,
débiles y sin sol,
todo lo que dices es nublado,
dónde quedó vernos con gusto,
si no acaso y con excepciones,
deseándonos la muerte,
sin mover el labio.
Vetados de la transmisión,
apenas y el agua nos cubre,
llenando por cuatro pulmones,
y quisiera tanto
que soñar fuera nada,
fuera de la autoestima,
transmitiéndose fuera del planeta,
golpeando mi ventana,
y en medio de tus ojos.
Ahora, nos tiemblan las manos,
solapando gestos,
palabras que nos atrevemos a escupir,
sin motivo,
y queriéndonos quemar,
cuántas respuestas
deseamos vetar,
cuántos recuerdos abandonar,
pero cabalgamos
emociones distintas,
mirando planetas
siempre contrarios,
la distancia
es una y larga,
solapando caprichos,
latidos que nacieron muertos,
y un cielo tan grande
como para escapar
uno del otro.
Ilustración: "La novia deslumbrada por los faros" por John Brosio

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