De aquellas noches
en restaurantes de luz baja,
cientos de personas,
elegantes como sombras,
yendo una y otra vez,
a mis ojos,
pero nunca en mis latidos.
Un trago,
algo frío,
luego ardiente,
labios ajenos,
riendo a deshoras,
solitarios quedamos,
esta piel distinta a la mía.
Perdí el rumbo,
soñando con el amor imposible,
de alguien que no conozco,
entre el ruido de una fiesta,
manteles rojos y corbatas caras,
tacones altos,
perdidos en cuartos azules,
bebidas que se terminan en un suspiro,
nada tenía significado.
Qué pasará,
con las noches siguientes,
de fiestas distinguidas
y música rabiosa,
salones colmados,
con gente extraña,
solo,
he de continuar soñando,
lunes por la noche,
todo es silencio alrededor.
Qué pasará,
con mis fantasías,
con las edades por contar,
con mi extensa poesía,
si mi corazón se detiene,
quedará como una
oscura casa vacía.
Resiste,
a pesar de la vanidad y locura,
los tragos y la cantata sin fin,
esta noche terminará,
si acaso podré ver
una luz,
antes,
si mi corazón resiste,
la bruma,
la duda
y la distancia.
Ilustración: "En medio de todo había un rostro frío y blanco" por Harry Clarke

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