Iluminado yo,
es parte de la mentira,
manos arriba,
manos rojas,
el interior de mi rostro,
pálido porque
es una máscara.
Agrio el sabor de tu fruta,
un regalo de paz,
una moda pasajera,
entre las calles,
en los países que perdieron
su nombre,
iluminado al mirar
el destino,
inminente fulgor.
Muerto en la cabeza,
agujero en la frente,
ojos apagados,
dolor en silencio,
sí, la muerte
pintó las huellas,
por un camino
con flores de ceniza.
De todas las mentiras,
qué podría decir para
calmar la pena,
es un mundo diferente,
de mandíbulas rotas,
agujas en la carne,
marcas hundiéndose
como si fuésemos enemigos,
y sólo uno sobrevivirá.
La cruz reposa en mi pecho,
sabes qué hacer,
el diablo en la música,
en nombre de la matanza,
de ojos huecos,
y torcidas palabras.
No puedo ver nada,
salvo la piel de otros,
abierta, beligerante,
manos abajo,
debí ser iluminado,
algo está mal,
nada me corta,
nada me mata.
Por qué esta
necesidad por odiar,
la noche es la misma
en todos lados,
necedad humana,
cacería sin rostro,
tan bello y necesario dolor,
un festín maldito.

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