Se avecinan días de lluvia,
dices sin respirar,
pero el cielo,
un ser impasible,
nada responde
y jamás llora.
Esta noche,
así como todas,
hablamos de espaldas
o frente al espejo,
hoy tu voz está apagada,
como tanta gente afuera,
medianoche y después,
entre calles sin vida
ni alma.
Si del silencio naciste,
y nada tienes que ver
con las palabras
que recitas,
a quién le juraré
amor incondicional,
descansa en mis manos,
a un fantasma entonces,
y sobre las tuyas,
mi recuerdo,
quizá.
Levántame,
quiero habitar tus sueños,
despierto o inanimado,
bajo toneladas de tierra
o surgiendo en tus párpados,
someto a tu decisión,
lo que esperamos
a punto
de florecer.
Arremete cada tarde,
glacial tormenta,
una y otra vez,
tuya la advertencia,
mía esta necedad
por vivir ausente,
y ahora,
da igual
si existimos
o somos
alucinación.
Ilustración: "La entrada de Cenicienta" por John Austen

No hay comentarios.:
Publicar un comentario