A las doce cincuenta y ocho
tenía yo, otro nombre
una respuesta de la poesía
y algo despertó en mi
en medio de la madrugada.
Blog dedicado al espacio de la escritura, a la incisión proscrita del alma y su reconocimiento desesperado.
A las doce cincuenta y ocho
tenía yo, otro nombre
una respuesta de la poesía
y algo despertó en mi
en medio de la madrugada.
Cuan mágico puede ser
viajar entre las capas del viento
la realidad o el tiempo
arriba de las mareas o las nubes
cuan maravilloso sentimiento
golpea fuerte en mi pecho
y el ingrediente
es tu risa
nada más.
Y puedo escucharla todos los días
una pequeña bendición
no necesito otra cosa
tan sólo una pizca de imaginación
yendo de principio a fin
a la velocidad del rayo
tú eres mi motivación
nada más.
Quiero caer en tus brazos
como en un sueño vuelto realidad
desdibujando la línea en el horizonte
rompiendo la diferencia entre abajo y arriba
cada mañana al despertar
siempre eres más hermosa
siempre eres tú
nada más.
Aquí estamos,
en apariencia listos para encarnar,
un debate eterno entre el bien y el mal,
por fama o dinero,
por condena o absolución.
Este mundo nos manda asesinar,
todo rastro de inocencia,
propia o ajena,
iniciando una guerra descomunal,
para odiar aun más al prójimo
o sacrificar lo más sagrado a costa
de un fuego colosal.
Este mundo es el altar,
donde arrebatamos la sangre de la vida,
ilusos por soñar con futuros días,
mientras el enemigo dispuesto a vender tu alma,
tu nombre y el de quienes amas en su librería,
huyendo hacia un planeta en otra galaxia,
uno que dejó hace tiempo de existir.
Ah, torcido y loco mundo,
arrastrándose como una serpiente sin final,
espiral pernicioso de emociones sublimes,
cuánta diversión malsana escondes bajo tu panza,
la pira donde la juventud quema sus cabezas,
la intención final de esta ponzoñosa verdad.
Esta noche las bestias andan sueltas,
no hay más humanos,
no hay más oxigeno por respirar,
ni comida por tocar,
es la noche,
ideal para viajar,
incendiándonos los ojos,
muertos mirando a la nada
en este mugriento ritual.
Si estás lágrimas son el ocaso
de un refugio sin nombre,
el miedo mismo,
su rostro es conocido tras las paredes,
susurrando con mi voz,
la misma pregunta y mil otras...
Este cielo gris e impenetrable
podría ser destino o coincidencia
lastimando a los ciegos en su corazón,
muros altos como las olas en el mar
yendo sin rumbo
con ambos pies amarrados...
Y temo por la destrucción
el fuego que todos llevamos en mente,
la muerte por venganza
lastimando cada poro en mi piel,
y hay poco por hacer
si la rueda gira en mi cuello.
Una vida silenciosa es mera pretensión,
aun cuando este mundo gira sin preguntar
si estás de acuerdo o necesitas algo más
desesperanzado con las manos rotas,
la pérdida cae en nuestros hombros
el momento cuando parece detenerse el tiempo...
Desaparece la justicia
un rasgo desconocido para cualquiera,
si la verdad es la última mentira
somos esclavos de nunca conocer nada
salvo el polvo en nuestros labios,
tela roja que lentamente se quema,
derrumbándonos sobre un campo de rosas negras...
Temo por lo que yace esperando tras la esquina
los destrozos concedidos en un deseo,
malsano como la sonrisa que pretende bondad
y si el tiempo lo permite,
el naufragio no será mortal,
ahora cuando miedo es verdad
y la cuerda espera sedienta
por un lugar.