Rígido malestar,
presente en mi cuerpo
como cálida tristeza
y helada alegría.
Desperté a mitad de la noche,
sobrevino fuera de mi sueño,
fuera de este mundo,
la voz que soporta mi cuerpo,
saludando con un apretón de manos,
He dejado de respirar.
Aquí vienen los ángeles,
visión de la tortura,
quemando mis pies...
¿Dónde quedó la juventud en el espejo?
Y su eterno bienestar...
saludando con un apretón de manos,
este dolor pertenece a las entrañas.
Amanece y todavía,
sostiene un clavo,
Amanece y todavía,
sostiene un clavo,
el centro de mi garganta,
cobijado por el abrazo áspero
cobijado por el abrazo áspero
de las paredes de mi cuarto,
es la desesperación,
indicio de mi enfermedad.
Congelé mi cuerpo,
privado de todo placer,
música y voces,
diluyéndose con mis lágrimas,
permitiendo al dolor venir,
fluyendo por mis venas,
indicio de mi enfermedad.
Congelé mi cuerpo,
privado de todo placer,
música y voces,
diluyéndose con mis lágrimas,
permitiendo al dolor venir,
fluyendo por mis venas,
oprimiendo mi corazón
como una aguja.
He dejado de respirar.
Aquí vienen los ángeles,
visión de la tortura,
quemando mis pies...
¿Dónde quedó la juventud en el espejo?
Y su eterno bienestar...
Ilustración: Apolo y Marsias por José de Ribera

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