martes, 22 de septiembre de 2020

TALONES

 

Ay, de esta frágil carne,

el precio de nuestras acciones,

mirando atrás y descubriendo,

cuando jóvenes, 

los días nunca morían.


Cuántos los pasos,

las huellas que dejamos atrás,

marcadas como recuerdos,

quedando silenciosamente 

en la profunda oscuridad.


He aquí, 

mis talones,

lacerados,

llorando como fantasmas,

como un par de casas

vacías de suspiros, de palabras,

he aquí,

mi reflejo singular,

de carne y hueso,

idealizando cada una

de las mañanas

en el porvenir.


Toca mis talones,

cubiertos con mi sed espectral,

¿Por qué murieron?

Toca mis talones,

pero no te lleves mi sangre,

cayendo lentamente 

hasta desaparecer...


Toca mis talones,

bajo la luz de tus ojos,

míralos y acerca tus labios...


Poco dura lo que vivimos,

tal vez el futuro no sea un resplandor,

considerando lo que ya sufrimos,

bajo amenaza de la vejez, 

y mi voz en decadencia,

aferrándose al presente,

a su hoy.


Ay, de la vida,

un sueño tan cruel,

ufana como los sentimientos,

durando lo de un parpadeo,

ay, de la vida,

despertar no es mejor.


Si la eternidad manifiesta su luz,

saldrá por tu boca,

dígase entonces,

un tiempo revelado en poesía,

que no conozca igual,

en horas tan largas.


En mis próximas odiseas,

caminando para escapar,

sufriré lo que no deseo

y también lo que anhelo,

líquida, caliente,

fluyendo a través de las yagas,

como un fuego en el suelo,

dejando atrás pisadas,

que arden,

color carmesí,

sobre mi cara...


camina conmigo.



Ilustración: "La Princesa y el árbol" por Maxwell Parrish

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