Bailé conmigo toda la noche,
atrapado por el tejido de tu aliento,
brilló la luna en tu sonrisa,
tan fría y ausente
como calor de tus ojos,
nos pertenecemos en
un vaso, un tarro,
un sorbo, una copa,
una bocanada,
un poco más
de nosotros
o nada.
Qué fría es la lluvia
entre lágrimas sin sabor,
perdiendo la cabeza
tras la sombra de tu nombre,
si te pregunto mi remedio,
no sé si contestarás con la verdad,
donde quiera que estés,
en la calle sin testigos,
en una cama hirviendo,
lejos o quizá,
en medio de mis labios,
en la ensoñación
de mis deseos.
Eres la estrella cuya luz
se filtra por el cristal gélido,
una ventana cual mis ojos,
empañados y tristes,
ansiando volver a días felices,
cuando la miseria no era tal,
qué puedo hacer para desaparecerme,
no preguntar a nadie
por ti,
nunca más.
Ilustración: "En fuego fatuo" por Frans De Boever

No hay comentarios.:
Publicar un comentario