1967
Manejando esta vida como si fuese la última,
una oportunidad demoledora,
placer por todos y cada uno de los poros,
manteniendo suave el rostro más salvaje de la juventud,
himnos de amor,
soluciones de paz,
gran derrame de esta sangre,
el último racimo de estrellas,
todo es pulcro y hecho de cristal,
manos clavadas,
una guitarra destrozada,
sobrevive la pluma a la hoja,
las tijeras al papel,
esta vida y ningún otra,
orilla de este mundo y su siguiente mitad,
bailando en el lado oscuro de la luna,
no puede ser mínima esta muerte repentina.
Es fácil idearse como un extraño,
ante la edad que parece nunca regresar,
ante una sociedad simulada,
en el baile de los caídos,
en los movimientos de cadera,
revelada sexualidad,
cientos de miles de pensamientos distintos,
la piel de color distinto,
ojos que lo pueden ver todo,
escribiendo versos completos,
proyectando fantasías sobre parecer deslucidas,
colores que se escapan,
un doblez que pueda ser el nuevo escaparate del universo,
en el pantalón,
en la última esquina de esta ciudad,
noche y día,
amor y todas las pasiones,
una vida y sus maltrechas generaciones,
rostro de saciedad,
rostro precioso,
flemático individuo próximo a la postergación,
sea saliva o miles de lágrimas,
sangre o sudor o fuego,
manteniendo le trono en el abandono,
el tiempo resulta ser el asesino,
vistiéndose con el sombra,
adornado con el polvo,
sanándose como el hijo de nadie,
bebiendo directamente de la boca del humo,
no puede ser una broma,
el más grandioso sonido,
es acaso demasiado tarde (?)
Oh Dios,
puede parecer una expectativa diferente la oportunidad,
de condenarse o salvar media humanidad,
una explosión surgida en el éxtasis que se multiplica,
estos ojos parecen nunca callarse,
esta respiración parece nunca renunciar,
Oh Dios,
el latido es ensordecedor,
mentalmente perturbado,
benefactor y estimulante,
parece que hemos siempre de morir,
en silencio,
en el país más apartado,
en el momento del azote,
con los clavos clavados en cada parpado,
con este rastro de miseria como definitivo legado,
Oh Dios,
el sonido siempre será ensordecedor,
dentro de los muros que se lamentan,
en la espalda del destino,
una visión nunca antes aparecida,
la sensación ha comenzado,
el sonido siempre será ensordecedor.
En un instante como cualquier otro,
presentándose está el fin del mundo,
son los elementos cuarzos antiguos,
aparecen la palma de la mano,
un disturbio,
el mismo baile que no termina,
el fin del mundo renovado,
reflejando las mentiras de la religión,
arrastrando un ego que pertenece a la nada,
carne quemada,
ilusión de bondad contrariada,
es este el fracaso secular,
desaparece el mártir eléctrico,
con sus dientes de diamante,
con su cielo teñido de rojo,
con sus suplicas,
con su color fluorescente,
su esencia equivoca,
su mensaje evasivo,
su expresión de ser humano asustado.
1991
¿Pudiste conocer alguna vez la distinción?
Un mal habito llegado de un sueño distante,
sintiendo hambre y frío,
declamando un mundo de sufrimiento,
cuanta regresiva que no se menciona,
adueñándose del bienestar que alguna vez fue,
en los días comprometidos,
realizados en un vacío sumiso,
ojos que ofrecen tratos,
un retazo colgado de por vida,
malgastando la lengua correcta,
este pan nuestro de cada día,
nada por perder en el juego de la confusión,
por siempre mirando por debajo de la ventana,
nada logrando salvo morir de risa,
una complicación que brilla por sobre todos los árboles,
no existen valientes,
tan sólo un desvariado que canta y no reconoce el respeto,
despierta cada día apedreado.
Tomando el arma y disparando,
en la propia cabeza y sobre la superficie del río,
todas las naciones necesitan una fuerza policial,
el mártir es la menor autoridad,
una bolsa de papel sobre la cabeza,
viviendo de un nuevo artículo de dorada posesión
derribado por los ángeles en coalición con el marfil,
su pluma con la cual se rasga las venas,
yéndose de las ciudades,
nunca será suficiente y los super poderes lo saben,
en calidad de quien,
en los supuestos palacios que derrochan el amor,
pasillos longitudinales y sumidos en espesa oscuridad,
muren los secretos,
el azar y la lujuria,
siglos que encierran tramar de horror,
el mártir conoce lo que es deambular carente de vida,
desperdiciando el tiempo y volviendo sobre el mismo camino,
el mártir ha sido nuevamente arrastrado.
La máquina no se detiene,
falta por despejar sus ánimos,
su importancia es escasa,
las circunstancias se hayan escritas en verso,
el final de toda la irascible humanidad,
transcurso fallido en velocidad luz,
un poco sustentable inicio de vida,
manejándola tal cual el vicio no logre pronunciar palabra,
un espejo inmenso que se rompe,
suele suceder la misma broma por siempre,
una lluvia ácida que lloran los infames,
disparando sus cartas sobre la mesa,
un diario cuyas páginas son de oro con letras de plata,
largo escrito,
larga distancia,
una metáfora sin sustancia,
violenta reacción de corte fino,
uno solo para que toda víscera escape,
argumentos sobre protegidos,
no, nunca será suficiente entonces,
apaga la guerra en el próximo brillo,
pregúntate por el tiempo de los reyes para expirar,
sus voces resonando en el eco que duerme,
un espeso vapor,
una idea tan pasajera,
deseando nunca haber nacido,
un disparo,
uno solo y nada más,
intentando acariciar la ráfaga,
ese destino que termina con la vida del mártir eléctrico,
último viaje,
última llegada.
1994
Sentado en el borde del mundo,
presumiendo felicidad en la taza de té,
estas risas y otro albor ante un milenio ciego,
suspirando fuera de la idea,
en un soplido, en una reverencia,
el sufrimiento propio u ajeno,
todos lo dirán con las exactas palabras,
en un sustento falso,
en un pasado casi olvidado,
siempre será fúnebre la respuesta,
en un instante encaminado ha rebajarse,
el sol nunca más podría salir,
morirá el alba,
un cuerpo deteriorado,
una mente suspendida por la capa invisible
de una trascendencia repetitiva,
un momento más,
un sonido que apagarse jamás tal como este fuego,
a través de la noche,
dispersando la niebla,
volviendo para nunca más escapar.