domingo, 16 de noviembre de 2025

IMPÍO

 

Estoy cansado de pretenderme,
un ser que cierra el círculo,
viajando a través del tiempo,
cuando la memoria no era de carbón
o un campo florido de vergüenza,
cuando el juicio no existía,
y el castigo, 
era imposible.

Amanecer es un debatir diario,
de poca paz, de ninguna solución,
imposible enterrar este vacío,
tras vivir en juerga infinita,
cautivando un deseo repugnante,
que saliva y estruja,
arde con fuerza en 
el centro del pecho
y entre las piernas.

El crimen perfecto,
guiándonos por un estrecho,
a oscuras en nuestros párpados,
el secreto mejor guardado,
desconozco la verdad
o la razón,
impulso voluptuoso,
te sostengo entre las manos.

Devorar, devorar rápido,
desconocer la vocación sublime,
con los ojos cortados,
y un charco de sangre
que se vuelve en río, 
y alcanza el mar de tus labios,
si tú me besas,
puede terminar la enfermedad.

Vendamos lo que queda,
de esperanza, de soledad, de pureza,
en cada pétalo esta marchita juventud,
andando a luz del declive,
desnudos sobre el suelo frío,
un golpe duro tras otro,
si gritas, si escupes, 
una estrella cae,
otra se va.


Ilustración: "No vayas solo con tu corazón al desierto" por Fritz Schwimbeck

UN NUEVO CASTIGO

 

No es para buenas personas,
abrazar sentencias 
en ojos descontentos,
la circunstancia hace al villano,
viviendo otro drama 
en este lado del universo.

Abre tus labios 
con el filo de la navaja,
hasta que sepas quién fuiste,
hombros curtidos al sol,
vientre derretido,
sonrisa en medio del charco,
carmesí entre las piernas.

Toma mis manos,
rómpeme los dedos,
separa muy lento cada uña,
desde la superficie del índice, 
ahora los dientes,
arráncame los ojos,
nunca podré cambiar,
no diré nada más.

Este premio es para los mejores,
un juicio exclusivo,
repetir por siempre,
el costo, la evidencia,
adiós, apaga la luz.



Ilustración: "Réquien" por Ignacio Trelis

sábado, 8 de noviembre de 2025

FRANKENSTEIN

 

Soy, pero no lo sé,
sólo mi discurso caliente,
deja pura decepción,
en la punta de los dedos,
de la lengua por tanto gritar.

Y volaré como las moscas,
mientras este corazón lata sin rencor,
confundiendo rostros y palabras,
personalidades y géneros,
algo saben que yo no, 
en tiempos de crisis,
la frustración es el desayuno,
comida y cena.

Qué caso tiene mirar el espejo,
cuando tus amigos son 
la perfecta refracción,
de quien fuiste, eres y no serás.

Respirar nunca fue más tortuoso,
sin voz, sin razón,
con malas decisiones,
en la cartera, en la cabeza,
sin delineador, sin emociones,
sin labial y tacones rotos.

Qué esperar de los días,
sino calor o frío,
de un extremo a otro,
sin comprender,
cuánto más durará el cuerpo,
porque fui y no triunfé,
la misma historia,
recostado en la cama,
entre una muchedumbre de sombras
y mi mentalidad deforme.



Ilustración: "El viento" por Edwin Austin Abbey

EL HIMNO DEL GANADOR

 

Aquí viene un ganador,
contando los segundos con las manos,
falto de dedos, de advertencias,
aquí está, con su nombre en alto,
exhibiendo cuánto vale,
en este mundo desganado.

Le acompañan absurdas voces,
de esas que dibujan monstruos,
tierra, agua, nieve, más agua,
la visión de mil estrellas,
resonando en una canción
sin nombre.

Creyendo que cualquier 
flama es poesía,
dicha en lo hondo, 
en lo oscuro, a susurros,
bajo las ordenes de algún monstruo,
cuando esta carrera se gana
bebiendo de la copa,
premio de quien gana.

Es un fantasma en el espejo,
cruzándose a plena luz,
entre risas y cuerpos sin ropa,
su rostro pintado de rojo,
carátula depravada,
de puños chocando el cielo,
nada dice, nada es,
salvo una carta escrita a mano.

Y grita su triunfo,
llora su vida,
vino, venció, 
tanta su obsesión,
andando en círculos, 
cayendo fuera del mundo,
en una gota de saliva,
lágrima de sangre,
orina, esperma,
hundida en el coro por miles,
perdido, perdió,
para siempre,
para siempre.



Ilustración: "El jinete silencioso" por Ben J.

jueves, 6 de noviembre de 2025

TEMIBLE HADES

 

Surco por tus redes,
cual mosca de pesados remos,
luna de alteradas mieles,
en tu ojo cruel,
caí en cuenta de mi vileza, 
de cada voz desprendida
por la noche inmensa,
infinita de recuerdos,
de lamentos que nadie escucha,
salvo en vivida congoja,
un desierto de mares rojos,
mi latido cubierto con arena,
hierve, hierve en sangre tupida,
temible hades,
centro de esta tierra sin nombre,
reconozco su cara,
en el aroma de mil flores negras,
brotando entre mis manos,
tan muertas como las rocas 
que nada dicen, que nunca supuran,
santo remedio estos ojos por monedas,
bajo un trono a medio devorar,
así sea entonces,
sucumbiendo al beso de
los cuerpos sin sombra,
desnudos en su musculatura,
pardos y agrietados huesos,
en sus caras una mueca,
sin odio o ternura, 
igual a mi alma, a mi soberbia,
regente, dicen las voces,
regente de un planeta despojado, 
contemplando una caída,
el sobrepeso de un rayo entre la bruma,
temible hades,
estupor indomable
y suplicas en coro,
la noche está perdida
y será para siempre,
facultad directa para entender,
para soñar sin temer.



Ilustración: "El polo norte" por Alfred Kubin

TRAS LA PUERTA

 

Uno con el sol desciende,
ocaso, nombre y motivo,
tira una mano para saber,
cuán real es tu destino.

Aquí, para siempre,
ambulante entre grises calles,
cierra el día su mirada contigua,
de luz fragmentada y multitud de voces.

Uno o dos,
viviendo en solitario,
de sombra y carne,
girando en la misma rueda,
sin más por hacer,
de eso trata la vida
cuando pestañeas demasiado.

Nunca, nadie, detenido,
así va el sol de ida y regreso,
nubes en este mar de tinieblas,
de sueños derretidos,
cubriendo lento cada hueso,
llueve, pestañea, es medianoche,
pestañea, es mediodía.

Aférrate con tus manos
o con lo que puedas,
el tiempo corre a la inversa,
la misma traición cada día,
lastimosa caricia,
y arde en un sueño de dos lunas,
cuando de esta madrugada,
nadie busca, nadie vive.

Ojos que sostienen ambas lunas,
perdonen si acaso, 
lo que existe no es verdad,
así va, así gira,

la fantasía en esta realidad,
un agujero en el cielo,
y cierto es,
nada perdura 
la eternidad.


Ilustración: "Viento del este" por Paul-François Quinsac

ELEGÍA

 

Qué hay de los recuerdos,
de las emociones en ellos,
tras la pantalla de una televisión,
arriba en donde se pierde el cielo,
retoñando cada primavera,
en una galaxia lejana,
qué será entonces del mes de noviembre,
si dormimos la eternidad con 
los parpados cortados,
por qué de tanta lluvia,
costándonos la vida,
cuánto vale esta realidad,
apaleada por el terror afuera,
envenenando el corazón,
en cada casa quemándose,
de qué sirve entonces,
pensar demasiado,
sentir cada instante como único,
si el mundo se termina,
dejando la ropa en el fuego,
la decencia, el intento inocente 
de aferrarse a la pureza muerta,
el costo es demasiado,
el precio es uno,
la vida,
el pensamiento
o el alma.



Ilustración: "Consecuencias" por Marion Adnams