Qué largo, qué caótico,
diferente,
un año que no merece recordarse,
pero no dejaremos de evocar.
A veinte años,
del fin del mundo,
estamos más cerca,
dejándonos perder,
en alguna profundidad,
en medio de la oscuridad,
primer y último día,
nada es fatal,
nada es verdad.
Cuán difícil,
mirar una fecha en el calendario,
el comienzo de la enfermedad,
mirando de frente el sol,
sosteniendo un arma,
disparando hacia ningún lugar,
nadie puede matar su destino.
Sabes cómo inició,
tal vez en un mal sueño,
como una advertencia,
esperando subsistir,
tocar las estrellas,
cumpliendo con un plan,
este año fue señalado,
nos habremos equivocado,
no cumplimos con
nuestra labor de humanos.
Especial y raro,
este año de Nuestro Señor,
partido por la mitad,
sangró en el filo de la navaja,
ahora, completo,
llegado su verdadero final,
perdimos más de lo
que soñamos ganar.
Y fue largo,
fue caótico,
callado,
sufrido como un grito,
antes de explotar,
vayamos lento,
antes de divagar,
año viejo,
uno entre tantos
en la vida,
una flor para cortar,
una plaga por exterminar.
Ilustración: "New York City" por Peter Kuper
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