"Estuve solo,
vagando en la oscuridad,
frente a una lápida,
recostado,
cualquier noche,
sin escapar
de mi destino..."
Aun con ambas manos limpias,
no pude olvidar,
los años sin dinero,
mendigando,
esperando escuchar,
el llanto de mi padre,
porque el tiempo es cruel carcajada,
deseando mi reflejo
en ojos de mi madre.
En mi cerebro,
este realidad es
una sombra sin rostro,
una pared que me encerró
en el calor del infierno.
Soy hijo de un hombre alado,
de plumas negras,
y larga capa.
No puedo controlarme,
no logro recordar,
la esclavitud de mi fracaso,
tan real como una cortada
en el brazo,
en el vientre,
mirando de lejos,
la sombra de una cruz que llora
lágrimas rojas.
No logro escapar
del remordimiento,
siento el frío acero de la guillotina,
hoy, cuando todas las estrellas caen,
colapsando sobre la tierra,
cuánto misterio,
cuánta catástrofe,
una bolsa amarrada,
con mis huesos dentro,
un cuchillo que refleje
en el filo de su hoja,
todas mis mentiras.
Soy hijo de un bendito,
un error,
sin control.
Nací una medianoche...
¿Cuál podría ser el peor temor?
Una vida condenada a repetirse,
todos los días,
bajo el sol,
sin ninguna esperanza,
visitando las mismas calles,
los mismos olores en mi cara,
repugnante,
condenado a esto,
a esperar,
un filo,
un destello,
la muerte.
Soy el hijo del hombre de madrugadas,
condenado a continuar
una cruzada sin final,
ya no siento dolor,
no puedo encontrar la luz.
Aquí viene el destino,
deteniendo ante mis ojos,
hay cualquier carne
en mi boca,
someteré mi alma,
porque sólo Dios sabe,
cuando libre seré.

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