Eres una estrella,
lanzándose contra el mar,
refulgente durante la noche.
Mira delante,
este cielo se parte,
tus palabras son eco,
tu respiración es lenta,
tu mirada,
perdida,
en la mía.
Eres objeto inanimado,
roto como un juguete viejo,
qué es lo que dices,
mientras cae la tarde,
este cielo,
es silencio,
andamos ciegos,
hacia ningún lugar.
Humano,
de pie sobre las vías,
un recuerdo triste.
Mira delante,
cada edificio negro,
por los que entras y sales,
aguantando el cielo que se cae,
como si tu nombre fuera Atlas,
exhausto y moribundo,
acerca tus labios,
ya nada dices,
fríos y morados.
Eres intruso,
sin control,
andando por las calles
sin protección,
tu arma es la perjura,
las palabras yacen sometidas,
eres un sueño mal habido,
atravesando los alambres,
tu sangre se diluye
bajo el sol,
sangre que no es tuya,
sino mía.
Confusión,
en cada uno de tus actos,
y sólo quieres saber,
si tu voz le pertenece a la
urgencia del viento,
cuando se eleva sobre el cielo.
Y caminas bajo la lluvia,
humano triste,
promesa de nadie.
Eres la punzante necesidad,
de un cuerpo frágil,
un corazón vacío,
sobre el suelo que se parte.

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