Afuera de mi ventana,
una multitud espera,
ser medida,
apenas sale el sol,
no parece justo...
Hay más luz de lo que aparenta,
el sol abre sus parpados,
muy despacio,
mirando este mundo,
desde la cima,
tan ajeno...
A nuestros problemas.
Quizá sea una carta,
un poema de revolución,
arriba en el cielo,
surcando como una flecha
que no sabe dónde caer,
dando un brinco,
que sea de fe,
de caridad divina,
dar un brinco,
por la ventana,
hacia el negro vacío,
¿Sabré dónde caer?
Ya nada parece igual,
respirar también es diferente,
humanidad,
temo por ti,
por tus multitudes
fuera de mi ventana,
no eres igual,
a tu yo del año pasado,
yendo a donde querías,
antes que provocaran todo.
Es verdad,
porque este mundo
no podría ser distinto,
su cause va corriendo
contrario al destino,
a veces logramos contenerlo,
dentro en la cartera,
son billetes con rostros
que desconozco,
yendo en caída libre,
cuando los arroje por la ventana.
La insignificancia tiene preguntas,
muere levantando la mano,
aire dentro, aire fuera,
fuera de mi ventana,
la multitud rogando,
esperando ser medida,
bajo el sol que despierta,
tan lejano...
Mirando sin hacerlo,
desde la cima.

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