miércoles, 9 de diciembre de 2020

32

 

Soy un testigo asustado,
de cuatro paredes,
inmateriales como el aire
que respiro,
son un espejismo que olvidé,
alguien no logró
defenderse a sí mismo.

Todas las ambiciones determinaron,
este es un mundo enfermo,
en mi mente y fuera de ella,
desearía extirparme la enfermedad,
saber lo que significa,
cruzar esa línea.

Aquí estoy,
moviéndome como un fantasma,
en el sueño de una realidad
que no es la mía,
una sombra que se pierde 
durante las horas de la noche,
un poco de polvo en el retrato,
un par de ojos que lloran.

Este mundo despierta,
apostándolo todo para ganar,
en mis labios hay silencio,
porque no conozco las respuestas,
a mil preguntas,
que azotan contra mi cara,
soy testigo 
e involuntario cómplice.

No pretendo nada,
salvo recordar,
este mundo que se decanta en la miseria,
mientras un año se nos escapa,
y es como el viento,
transparente y frío,
un sueño florido e imposible,
corre la fiebre a través de mi,
tal vez tenga algo por decir,
cuando estalle una bala
en mi cabeza.

Me gustaría glorificar mis poemas,
intentando culpar a alguien más,
pero la intención es clara,
como bailar desnudo en la lluvia,
como vestir de gala,
se termina este año,
¿Qué fue lo que ganamos?

Tengo miedo,
esos ruidos, esos golpes,
sobresaliendo en la noche,
cuando el futuro parece una mandíbula, 
voraz como una bestia con hambre,
tengo miedo,
miedo de mirar, 
de salir, de sentir.

Nunca quise vestir la vida
tal como la llevo en el cuello,
pero ahora comprendo,
es la cuota de los años,
sabor agridulce de la soledad,
un destello que anuncie 
nuestro renacimiento,
borrador de una historia sin final...


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