Quiero comprender,
la razón para disfrutar los días,
cómo sobrevivir en este planeta.
Lejano donde estoy,
perdido en divagaciones,
estas voces,
estos muertos,
alcanzo apenas,
a mirar el sol.
Punzada en la cabeza,
pocos recitan en felicidad,
estos sueños,
lo que viví en este planeta,
es mi pasado,
una roca flotando en el espacio.
Celebrando la inocencia,
con los niños,
en sus caras
infestadas con pelo,
son pequeños simios,
somos una raza delicada,
en mi piel,
heridas que sangran,
soy lo que me queda.
Este planeta va muriendo,
grita pero nadie escucha,
afuera en el vacío,
quedan los enemigos,
dentro,
espíritus y fantasmas,
cuerpos con armas,
suciedad,
que rima con sociedad.
Siento melancolía,
punzante, en mi corazón,
fluyendo en mis venas,
transcurre el tiempo,
mirando las estrellas,
su falsa luminosidad,
nunca me repondré.
Un planeta viejo,
nuevo,
hube llegado a sus polos,
escuchado su voz,
a pesar de todo el ruido,
como un metal precioso,
un planeta destruido,
surcando hacia ningún lado.
Perdí mi nombre,
no es fantasía,
mi cabeza gira
trescientos sesenta y cinco días,
un trabajo extraño,
sin consciencia,
sin alma.

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